Komorebi, notas inacabadas sobre algunas emociones ópticas

Si rebusco en mis recuerdos y en mis cajones,
si releo mis poemas y me descompongo en busca de múltiplos comunes
aparece un juego de luces
de sombras
una especie de dibujo resultado de la interacción del sol
sobre las hojas de los árboles.

Palabras
Imágenes
como medias de encaje sobre los muslos
o ranuras de escalera mecánica rayando la vista.
Patrones troquelados con punzones de pupila
dando forma a un universo que existe a partir de entonces
en su nueva forma y perspectiva.

Lo que cuenta es
como miramos al mundo
No
Como el mundo nos mira a nosotros.
—Con su mirada neutra, sin intenciones.—

Somos nosotros
Tu
Yo
El punto de vista.
Los creadores de esa blonda aurea
De ese animal print del bosque humanizado.

Como mis ojos mirando los pequeños rectángulos amarillos
de lánguidos vértices
que un rayo pinta en tu antebrazo.
Esa cuadrícula en arrebol,
desdibujada
en tu piel dormida.
Recuerdo del sol y una persiana
de cuerpos desnudos y orgasmos
cayendo
al abismo.

Testigos deslumbrados del humo del cigarro que la claridad moldea en la penumbra
en mitad de la lluvia,
Lluvia de polvo en suspensión y meandros blancos en que discurre
Como en una danza.
Danza de mujer que se esfuma oscilante.

No hay palabras.

Suficientes.

Y las sombras,
de las ondas
de la piscina
aquel agosto en que las chicharras pedían auxilio,
trepando
por las paredes del cuarto después del amor.
Para mí
eran
como estarte tocando sin permiso.

En general,
Pienso
en todos los hermosos estampados orgánicos que miramos absortos
porque hacen del árbol
y del cielo, del agua, del fuego, del amor, de la luz
de la mirada misma,
algo más que el árbol
el cielo, la luz, el agua, el amor y el fuego
algo más que los ojos
y el conjunto resultante sobre el lienzo:
Arte efímero.
Emociones ópticas.
Komorebi
y tantas otras palabras que no existen
en mi idioma.

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